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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://marcelomella.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Marcelo Mella</title><description>Esta es la p&#xE1;gina de comentarios pol&#xED;ticos de Marcelo Mella. Ac&#xE1; podr&#xE1; encontrar an&#xE1;lisis de la coyuntura, brief paper y noticias de los cursos desarrollados.</description><link>https://marcelomella.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>El Vaciamiento de las identidades y el empobrecimiento de la pol&#xED;tica</title><link>https://marcelomella.blogia.com/2005/051904-el-vaciamiento-de-las-identidades-y-el-empobrecimiento-de-la-politica.php</link><guid isPermaLink="true">https://marcelomella.blogia.com/2005/051904-el-vaciamiento-de-las-identidades-y-el-empobrecimiento-de-la-politica.php</guid><description><![CDATA[Se ha convertido en parte del sentido común la tesis de A. Giddens sobre el carácter de las transformaciones en las identidades políticas tradicionales de la derecha e izquierda. Para este autor, la derecha se ha convertido en una ideología revolucionaria, o al menos, que valora positivamente el cambio, en la medida que propicia la extensión de un mayor grado de libertades en las distintas esferas de acción del Estado y la izquierda, por su parte, ha devenido en un pensamiento de talante conservador, en la medida que fomenta la preservación de funciones tradicionales del Estado de Bienestar. <br><br>Dicho trastocamiento de las identidades tradicionales de la política democrática contemporánea también se puede apreciar en nuestro país a propósito de los discursos y liderazgos en los actores y conglomerados políticos más relevantes, sea en el caso de la Alianza o de la Concertación.<br><br>La Alianza y el Neopopulismo<br><br>Dos circunstancias parecen caracterizar la generalidad de los discursos de la Alianza en los últimos meses; i) el desgaste sostenido de la referencia al cambio como palanca mágica para zafar de las responsabilidades históricas que acompañan a las elites políticas, y ii) el posicionamiento de un nuevo discurso que busca mejorar su estructura de oportunidades frente a la presidencial a partir de una mayor subjetivación del debate político.<br><br>No puede sino aparecer como gigantescas paradojas las dos circunstancias anteriores. Por una parte y desde la última presidencial, la Alianza y particularmente la UDI ha insistido en posicionar la idea del cambio y de la apoliticidad de sus propuestas. Por otra sin embargo, el mismo partido a la luz de la baja sostenida en las encuestas de su candidato pretende llevar el debate electoral a un mayor grado de subjetividad y por lo tanto de complejidad social, como muestra véase el nuevo slogan  mediante el que se busca contrarrestar el alejamiento de la sociedad civil frente a Lavín: "Te dicen que Chile está bien... ¿Y tú? ¿Estás bien?".<br><br>Habría que preguntarse si acaso no existe una profunda contradicción en este ir y venir de la despolitización y de la repolitización de la subjetividad que ha ensayado la Derecha en los últimos siete u ocho años.<br><br>Tradicionalmente ha sido no la derecha sino ciertos sectores progresistas o abiertamente de izquierda quienes se han comprometido con el enfoque de la subjetivación de la política. Por ejemplo, Norbert Lechner desde su ya clásico estudio Los patios interiores de la Democracia hasta sus últimos trabajos como Las sombras del mañana y los Informes del PNUD, ha sostenido una especia de tesis subyacente como es que la democracia chilena por exitosa que parezca se encuentra en deuda en tanto no se articula en respuesta a las demandas y a la dimensión aspiracional de los sujetos que forman parte de la sociedad civil.<br> <br>Es justamente este equivoco entre ocuparse de los problemas de la gente y pretender la inclusión de crecientes grados de complejidad lo que podría definir el carácter neopopulista de la oferta política de la Derecha. <br><br>La Concertación y el calculo del consenso <br><br>Por su parte, la Concertación ha apostado desde la vuelta a la democracia y casi como una expresión de un trauma histórico a la construcción de una democracia basada en la estabilidad política y la economía neoliberal. En otras palabras, la arquitectura política de los tres gobiernos de la Concertación se ha fundamentado en la defensa de los principios del Orden y el Mercado asunto que hoy por hoy a nadie sorprende. <br><br>Autores como Felipe Portales y Edgardo Boeninger en distintos momentos y con diferentes motivaciones han desarrollado la idea de que el discurso concertacionista posee en la actualidad una fuerte dosis de conservadurismo. Felipe Portales en modo irónico a utilizado la imagen del mito como metáfora de la confrontación histórica entre discursos y realidades en nuestra política pasada o reciente. Boeninger sin embargo, lejos de cualquier gesto autocritico, ha señalado en La democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad, el excepcionalismo de la transición chilena a la democracia a partir de la conjunción de tres situaciones difícilmente convergentes; estabilidad política, crecimiento económico y paz social. <br><br>Lo que puede parecer discutible de este enfoque o ideología profunda de ciertas elites en la Concertación que representa Boeninger es que finalmente, el conflicto, la discusión, el debate y la misma competencia frontal, es obliterada porque representa niveles de incertidumbre intolerables para una política fabricada al alero de los policy makers que se caracteriza por la maximización de beneficios. <br><br>No obstante, el conflicto ha sido entendido por autores tan diversos y trascendentes como C. Schmitt y Chantal Mouffe como un fenómeno coextensivo de lo político. Resulta entonces singular que quienes combaten el discurso de la antipolítica que campea en amplios sectores de la derecha, de algún modo, coadyuven al mismo proceso de defenestración de la política en la medida que establecen un recorte que elimina el conflicto y las relaciones agonales que caracterizan estructuralmente las interacciones sociales vinculadas al poder. <br><br>¿Cuál es el compromiso de la Concertación y, particularmente, del Gobierno de Lagos con la representación del pluralismo y de la complejidad social de nuestro país? ¿Por qué la administración Lagos parece intimidarse cada vez que asoma cualquiera disensión y disputa de contenidos? ¿no resulta en esta materia el actual gobierno una muestra de lo que es ser reaccionario? Estas preguntas merecen no una respuesta declarativa y autoritaria (y por supuesto en tercera persona)  como suele hacer Lagos, sino una sobria, sustantiva y demostrable.]]></description><pubDate>Thu, 19 May 2005 19:21:00 +0000</pubDate></item><item><title>El Transformista Gobierno de Lagos</title><link>https://marcelomella.blogia.com/2005/051903-el-transformista-gobierno-de-lagos.php</link><guid isPermaLink="true">https://marcelomella.blogia.com/2005/051903-el-transformista-gobierno-de-lagos.php</guid><description><![CDATA[La desorientación y la sordera creciente del Presidente aparece con claridad para aquellos electores que, probablemente, por su nivel mayor de politización, correspondieron al nicho electoral mas duro para el tercer gobierno de la Concertación. <br><br>Esta falta de capacidad de Lagos para expresar claramente a quienes representa, que deviene en ambigüedad e hibridación y que confunde a la sociedad civil, ha aparecido frecuentemente en el último tiempo al menos en los siguientes planos. <br><br>El ambiguo liderazgo de Lagos <br><br>Un ejemplo de ello lo constituye el tono con que nuestro socialista Presidente establece el dialogo con aquellos actores mas relevantes en nuestro sistema político y, particularmente, con los grandes empresarios. <br><br>Baste recordar un párrafo de uno de los discursos de Lagos en la ENADE en los últimos años para comprender en que consiste esta perversión. Hablando del compromiso de su gobierno con las medidas establecidas por el Consenso de Washington y sus instituciones estrellas, a saber el FMI y el BM, Lagos afirmaba:<br><br>... esta regla del superávit estructural la dijimos al comienzo del gobierno y la hemos cumplido religiosamente y se seguirá cumpliendo. Que es difícil, es difícil; que hay que enfrentar presiones se enfrentan presiones, en eso consiste el liderazgo. (...) y lo hemos demostrado y cuando hay que decir no, digo no. (Discurso de R. Lagos en ENADE 2002)<br><br>¿A quién le dice no Lagos si no es a aquellos sectores sociales que por su experiencia legitima de marginación e inequidad en el proceso de expansión de los mercados y la economía neoliberal demandan un mayor compromiso del Estado con sus problemas?<br><br>El fin de los esencialismos<br><br>Un segundo dato relevante para entender la confusión de Lagos lo constituye la nueva interpretación del CDE sobre la amnistía denominada acaso irónicamente amnistía impropia.<br><br>Es de publico conocimiento, a estas alturas, los transcendidos sobre los dichos de la Presidenta del CDE Clara Szczaranski en el sentido de que, tras una reunión con el Presidente Lagos, éste le habría manifestado su respaldo para la nueva interpretación por que: "se dejaba satisfechos a los querellantes y al país cumpliendo los tratados. Al mismo tiempo el Mandatario le habría manifestado que le parecía que se trataba de una solución adecuada y no se (sentía) complicado con movimientos o reclamos políticos". (La Tercera 16-10-2004)<br><br>Sea cual sea la versión correcta lo cierto es que el CDE es un órgano que en su calidad de independiente, puede proponer salidas de este tipo con el menor costo político para Lagos. Se trata evidentemente, de un órgano no representativo en tanto escapa a cualquier mecanismo de rendición de cuentas implementado desde la ciudadanía.<br><br>Nuevamente el tema es ¿a quien representa Lagos y a quien le dice que no?<br><br>La aclaración frente a este impasse pronunciada por J.M. Inzulza resulta idem a su apellido: "La opinión del Consejo de Defensa del Estado no creo que sea la opinión del Estado de Chile, no es la opinión del gobierno, no creo que sea la opinión del Congreso". (La Tercera 16-10-2004) <br><br>Pero aún si creyéramos la ingenua explicación del Ministro del Interior en esta materia tendríamos que pensar también que a tres Gobiernos de la Concertación resulta igualmente preocupante que el Estado de Chile carezca de una Política de Estado (que determine cierta coherencia entre los Poderes del Estado) en esta materia.<br><br>Sin embargo, el fallo en Temuco del Ministro Instructor Fernando Carreño, donde se ha puesto término a la figura del secuestro permanente en la causa por secuestro calificado de Ricardo Rioseco (24) y Luis Cotal (14), hace improbable la posibilidad de que no exista cierto nivel de aquiescencia respecto de la conveniencia de la amnistía impropia a nivel, por lo menos, de los Poderes Ejecutivo y Judicial. (EMOL. Miércoles 20 de octubre de 2004) <br><br>Si nuestra suspicacia fuera demasiada ¿entonces que sentido tiene el proyecto de ley patrocinado por un conjunto de diputados miembros de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara para quitarle facultades al CDE en procesos por violaciones a los derechos humanos?<br><br>Hasta aquí el tema nos parece impresentable.<br><br>El triunfo de la homeostásis<br><br>El tercer punto para analizar la hibridación del gobierno de Lagos lo constituye el despido de la Directora del Trabajo María Ester Feres. Conocido resultaba el compromiso con ciertas cuestiones sociales de la funcionaria que podría obstaculizar las óptimas relaciones del Ejecutivo y del Ministro Eyzaguirre. Específicamente, las razones que el Ministro Solari dio para el despido de Feres señalan que dicha decisión habría sido tomada por Lagos en vista de que la Directora del Trabajo canceló los sueldos de los trabajadores del propio Servicio que participaban en una huelga.<br><br>Pero además la Sra. Feres había tenido la impertinencia en días anteriores y mediante un dictamen del 22 de septiembre de 2004 de señalar, que frente a la reducción de la jornada laboral establecida por el Código del Trabajo Las partes de la relación laboral, no se encuentran facultadas para acordar una rebaja o disminución de la remuneración pactada.<br><br>.... Demasiado compromiso social para el buen sentido y la racionalidad de los descomprometidos policy makers del Gobierno.  <br><br>Mientras Kirchner, con medio país quebrado, es capaz de declarar en diversos Foros internacionales su aguda critica frente a los organismos de crédito internacional, Lagos con algún tipo de complejo todavía no superado, solo piensa en rendir buenos exámenes frente a aquellos actores que en la década del 70 hubiera combatido. <br><br>¿Qué le pasa a Lagos? <br><br>La creciente sordera y desorientación de su gobierno ¿se debe a un comportamiento cínico del Mandatario? No lo creo. Probablemente, Lagos está convencido que hace lo mejor para el País. Que así, asumiendo todos estos costos sociales, entre los cuales se cuentan los pésimos índices de equidad de nuestro país, se construyen las condiciones para un mejor futuro. Aunque este discurso constituye un giro copernicano es posible y hasta razonable.<br><br>Lo que no me parece razonable es cierta dosis de obsesión y tozudez del Presidente que no parece comprender los valores e intereses de los electores que no votaron por Frei y si lo hicieron por él. No podrá ignorar Lagos que él representó la esperanza de millones de chilenos que entendían que su opción era la única alternativa realista de construir un país con mayor equidad y justicia social. Y claramente no ha estado a la altura de tales espectativas....<br><br>Pero lo que mas violenta, sin duda, dentro de este híbrido progresismo de Lagos, es la incapacidad de la administración de Lagos para construir ... por un momento siquiera, una agenda a partir de definiciones propias. La agenda del gobierno, o la hacen los empresarios o la derecha o Estados Unidos, casi nunca el propio gobierno y definitivamente nunca, la sociedad civil. <br><br>Constituye una paradoja trágica esto de que un gobierno progresista no crea en la participación en términos reales. Fenómeno que solo es posible comprender en su totalidad considerando la apatía y la falta de compromiso que caracteriza a los sujetos en las sociedades de mercado, sean estos políticos o simples ciudadanos.]]></description><pubDate>Thu, 19 May 2005 19:16:00 +0000</pubDate></item><item><title>PS, entre fariseos y voluntaristas</title><link>https://marcelomella.blogia.com/2005/051902-ps-entre-fariseos-y-voluntaristas.php</link><guid isPermaLink="true">https://marcelomella.blogia.com/2005/051902-ps-entre-fariseos-y-voluntaristas.php</guid><description><![CDATA[A propósito de los acontecimientos generados en el Partido Socialista con motivo de la discusión sobre el royalty minero y particularmente, después de la renuncia (o excomunión) de Enrique Correa y del eventual congelamiento de la militancia del abogado Eduardo Loyola, valdría la pena revisar algunas claves para comprender la lógica política subyacente del principal actor de este affair . El hecho político relevante acá es la declaración del Presidente del PS Gonzalo Martner quién establece frente a la renuncia de Correa que; "aquel militante que esté en contra del proyecto y en defensa de las mineras se pone inmediatamente fuera de las filas socialistas". <br><br>¿Qué quiere decir y cuales son los alcances del presidente del PS cuando hace semejante declaración? Llama la atención inicialmente, el tomo del discurso de Martner en el sentido de oponer a los supuestos conflictos de interés y comportamientos hipócritas de Correa y Loyola, principios esenciales que definen la identidad ( ethos ) socialista. ¿Es posible que si Correa y Loyola sean los fariseos en este conflicto, Martner sea uno de esos sujetos en extinción en política que poseen la doble capacidad de conocer mediante algún acto místico la Verdad y defender principios y el honor hasta con su vida (en sentido metafórico por cierto)? <br><br>Solamente desde el sentido común se podría objetar la pertinencia y la autenticidad del esencialismo de Martner. Por ejemplo, ¿de qué manera no es posible sospechar que las verdaderas razones para establecer criterios a priori para la excomunión de los infieles, nacen mas bien de conflictos internos que devienen en purgas selectivas dentro del PS, y no de la objetivación con propósito restitutivo de fundamentos doctrinarios que definen el lugar del socialismo contemporáneo? Esto, por ejemplo, considerando la simpatía de Correa por la candidatura presidencial de Soledad Alvear. En segundo lugar, ¿es replicable este discurso esencialista en otros partidos de la Concertación? ¿De que modo Martner pretende obtener apoyos públicos a su discurso considerando la volatilidad doctrinaria, la colusión de intereses y el pragmatismo de los parlamentarios al momento de legislar? ¿Quién dentro de la Concertación podría tirar la primera piedra en esta materia? En este último caso ¿Es posible y razonable suponer medidas similares en la DC para Eduardo Frei por su rechazo al Royalty? <br><br>Bueno, dirá alguien, es que quienes defienden principios en forma cabal, no consideran tales cuestiones tácticas al momento de decidir. Pero si no fuera este el caso, ¿no aparece acaso como una expresión de hipocresía la defensa de principios esenciales para fortalecer el ethos socialista cuando el socialismo a participado institucionalmente de nuestra transición pactada que supone, por lo menos, un apoyo por omisión al modelo en diversos planos y por lo tanto un fuerte carácter continuista? (Lo que hago es solo un ejercicio lógico y no necesariamente, una critica de fondo a la transición). Me parece difícil pensar que un Partido de Notables como el PS esté en condiciones de abjurar del interés como variable que permite comprender el comportamiento de sus líderes. <br><br>Al mismo tiempo es pertinente preguntarse; ¿qué grado de conciencia histórica expresan discursos esencialistas o substanciales como el de Martner? ¿Es posible hablar desde la Verdad en el socialismo (o en cualquier otra subjetividad partidaria) considerando la historia (y tragedia) reciente y remota? ¿Han servido en nuestra historia (y también en otros contextos) los discursos esenciales para otra cosa que no sea para pedir disculpas una vez formulados? Por último. ¿Desde que lugar y a partir de que aprendizajes es posible este nuevo esencialismo? <br><br>Formulo esta última pregunta porque, sin duda, son cuestiones centrales para el debate que hace posible la democratización en nuestro país, plantearse la cuestión de sí a la democracia es posible defenderla y darle valor social solamente basándose en principios, por altruistas que estos parezcan. Es decir, ¿cuánto esencialismo y cuanto formalismo requiere una democracia para hacer sustentable el desarrollo político de sus instituciones? <br><br>Quisiera detenerme en este último problema, desde el punto de vista del rol institucional que les cabe jugar a los partidos políticos en democracia; esto, si acaso la representación no es solo un artefacto retórico y una ficción jurídica. Maurice Duverger distingue entre mandato representativo y mandato imperativo . Por el primero, el representante podría decidir en forma relativamente autónoma; éste sería entonces autorizado para actuar como representante legítimo por un mandato amplio para que en función de sus capacidades personales descubra el interés (relativamente objetivado) de la nación. En el segundo caso, se trataría de que el representante solo podría actuar en forma heterónoma, esto es, como herramienta o instrumento, determinado por las ordenes o instrucciones vinculantes del partido. Este sería entonces, el caso del conflicto en el PS, con la sola excepción de que el incidente no afecta a representantes sino solo a notables militantes (y estos, contra lo que podría pensarse, no son pocos en el PS). <br><br>La experiencia comparada muestra que los sistemas democráticos han abandonado, casi sin excepciones, el mandato imperativo y la orden de partido con carácter vinculante. Y esto, por supuesto no es gratuito ni por casualidad; se debe en gran medida, a que los partidos políticos en los sistemas democráticos contemporáneos, no necesariamente son responsables frente a la sociedad civil mediante mecanismos institucionales concretos. Muy por el contrario, la tendencia mayoritaria en las democracias occidentales es a la elitización de la política. Por ello, la posibilidad y el derecho de dar instrucciones de partido a los parlamentarios, lejos de aparecer como un acto democrático per se , bien puede significar un paso mas en la pérdida de mecanismos de control social sobre las actuaciones de los políticos profesionales si no existen practicas institucionalizadas para hacer operativos los procedimientos de rendición de cuentas ( accountability ). Pero Martner ha señalado recientemente en una entrevista en Televisión, que frente a la prohibición legal en nuestro sistema para el mandato imperativo,... la Constitución está equivocada. <br><br>Ciertamente, entregar un mandato tan amplio a los partidos (en este caso, a un sector de la cúpula del PS), para obligar a los representantes a tomar determinadas posiciones, no constituye por si solo un acto democrático. Para que así sea deben, al menos, concurrir complementariamente aquellos mecanismos de control social sobre los representantes que posibiliten cierta congruencia entre la agenda de los electores y la agenda de los representantes. Se trata en consecuencia, no de institucionalizar el mandato imperativo que establece ordenes vinculantes desde una cúpula partidaria (mas aún si el partido no tiene eficientes mecanismos de rendición de cuentas publicas); si no de reforzar la responsabilidad política de los representantes frente a los ciudadanos. Martner por su parte, defiende como garantía del compromiso democrático de su partido , la fijación de ciertos principios establecidos ante sí que construyen un yo y otro para la definición de una identidad socialista. <br><br>Sin embargo, la mayor parte de la literatura en teoría de la democracia establece la necesidad de dirimir las controversias publicas sobre la base de la acción de instituciones que en su condición de terceros imparciales puedan dirimir provisionalmente tales conflictos. La democracia así consiste en "un conjunto de mecanismos institucionales para dirimir (zanjar) provisionalmente los conflictos en los cuales los resultados no están garantizados y dependen de lo que los actores hagan" (Adam Przeworsky). El exceso de esta postura ciertamente da lugar a la acción política descomprometida y a la judicialización de la política; "que las instituciones funcionen", lo que equivale generalmente a que los tribunales se hagan cargo y a la despolitización de los conflictos sociales. Pero existe un mundo de posibilidades entre el esencialismo de Martner y la judicialización de la política, que permite asumir posiciones comprometidas y poner al mismo tiempo, al dialogo y a la deliberación como mecanismos básicos para la democratización de las instituciones. Los partidos políticos debieran explorar caminos semejantes para democratizar sus organizaciones y no seguir quedando al lado del camino en los grandes procesos de transformación de nuestra sociedad. <br><br>¿Y Martner que? Bueno, él ha dado un gran ejemplo de cómo se puede estropear en democracia la defensa de una buena causa y probablemente, es uno mas en nuestro sistema de partidos que se encuentra a medio camino entre el voluntarismo latente y la hipocresía manifiesta.]]></description><pubDate>Thu, 19 May 2005 18:55:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
