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Marcelo Mella

PS, entre fariseos y voluntaristas

A propósito de los acontecimientos generados en el Partido Socialista con motivo de la discusión sobre el royalty minero y particularmente, después de la renuncia (o excomunión) de Enrique Correa y del eventual congelamiento de la militancia del abogado Eduardo Loyola, valdría la pena revisar algunas claves para comprender la lógica política subyacente del principal actor de este affair . El hecho político relevante acá es la declaración del Presidente del PS Gonzalo Martner quién establece frente a la renuncia de Correa que; "aquel militante que esté en contra del proyecto y en defensa de las mineras se pone inmediatamente fuera de las filas socialistas".

¿Qué quiere decir y cuales son los alcances del presidente del PS cuando hace semejante declaración? Llama la atención inicialmente, el tomo del discurso de Martner en el sentido de oponer a los supuestos conflictos de interés y comportamientos hipócritas de Correa y Loyola, principios esenciales que definen la identidad ( ethos ) socialista. ¿Es posible que si Correa y Loyola sean los fariseos en este conflicto, Martner sea uno de esos sujetos en extinción en política que poseen la doble capacidad de conocer mediante algún acto místico la Verdad y defender principios y el honor hasta con su vida (en sentido metafórico por cierto)?

Solamente desde el sentido común se podría objetar la pertinencia y la autenticidad del esencialismo de Martner. Por ejemplo, ¿de qué manera no es posible sospechar que las verdaderas razones para establecer criterios a priori para la excomunión de los infieles, nacen mas bien de conflictos internos que devienen en purgas selectivas dentro del PS, y no de la objetivación con propósito restitutivo de fundamentos doctrinarios que definen el lugar del socialismo contemporáneo? Esto, por ejemplo, considerando la simpatía de Correa por la candidatura presidencial de Soledad Alvear. En segundo lugar, ¿es replicable este discurso esencialista en otros partidos de la Concertación? ¿De que modo Martner pretende obtener apoyos públicos a su discurso considerando la volatilidad doctrinaria, la colusión de intereses y el pragmatismo de los parlamentarios al momento de legislar? ¿Quién dentro de la Concertación podría tirar la primera piedra en esta materia? En este último caso ¿Es posible y razonable suponer medidas similares en la DC para Eduardo Frei por su rechazo al Royalty?

Bueno, dirá alguien, es que quienes defienden principios en forma cabal, no consideran tales cuestiones tácticas al momento de decidir. Pero si no fuera este el caso, ¿no aparece acaso como una expresión de hipocresía la defensa de principios esenciales para fortalecer el ethos socialista cuando el socialismo a participado institucionalmente de nuestra transición pactada que supone, por lo menos, un apoyo por omisión al modelo en diversos planos y por lo tanto un fuerte carácter continuista? (Lo que hago es solo un ejercicio lógico y no necesariamente, una critica de fondo a la transición). Me parece difícil pensar que un Partido de Notables como el PS esté en condiciones de abjurar del interés como variable que permite comprender el comportamiento de sus líderes.

Al mismo tiempo es pertinente preguntarse; ¿qué grado de conciencia histórica expresan discursos esencialistas o substanciales como el de Martner? ¿Es posible hablar desde la Verdad en el socialismo (o en cualquier otra subjetividad partidaria) considerando la historia (y tragedia) reciente y remota? ¿Han servido en nuestra historia (y también en otros contextos) los discursos esenciales para otra cosa que no sea para pedir disculpas una vez formulados? Por último. ¿Desde que lugar y a partir de que aprendizajes es posible este nuevo esencialismo?

Formulo esta última pregunta porque, sin duda, son cuestiones centrales para el debate que hace posible la democratización en nuestro país, plantearse la cuestión de sí a la democracia es posible defenderla y darle valor social solamente basándose en principios, por altruistas que estos parezcan. Es decir, ¿cuánto esencialismo y cuanto formalismo requiere una democracia para hacer sustentable el desarrollo político de sus instituciones?

Quisiera detenerme en este último problema, desde el punto de vista del rol institucional que les cabe jugar a los partidos políticos en democracia; esto, si acaso la representación no es solo un artefacto retórico y una ficción jurídica. Maurice Duverger distingue entre mandato representativo y mandato imperativo . Por el primero, el representante podría decidir en forma relativamente autónoma; éste sería entonces autorizado para actuar como representante legítimo por un mandato amplio para que en función de sus capacidades personales descubra el interés (relativamente objetivado) de la nación. En el segundo caso, se trataría de que el representante solo podría actuar en forma heterónoma, esto es, como herramienta o instrumento, determinado por las ordenes o instrucciones vinculantes del partido. Este sería entonces, el caso del conflicto en el PS, con la sola excepción de que el incidente no afecta a representantes sino solo a notables militantes (y estos, contra lo que podría pensarse, no son pocos en el PS).

La experiencia comparada muestra que los sistemas democráticos han abandonado, casi sin excepciones, el mandato imperativo y la orden de partido con carácter vinculante. Y esto, por supuesto no es gratuito ni por casualidad; se debe en gran medida, a que los partidos políticos en los sistemas democráticos contemporáneos, no necesariamente son responsables frente a la sociedad civil mediante mecanismos institucionales concretos. Muy por el contrario, la tendencia mayoritaria en las democracias occidentales es a la elitización de la política. Por ello, la posibilidad y el derecho de dar instrucciones de partido a los parlamentarios, lejos de aparecer como un acto democrático per se , bien puede significar un paso mas en la pérdida de mecanismos de control social sobre las actuaciones de los políticos profesionales si no existen practicas institucionalizadas para hacer operativos los procedimientos de rendición de cuentas ( accountability ). Pero Martner ha señalado recientemente en una entrevista en Televisión, que frente a la prohibición legal en nuestro sistema para el mandato imperativo,... la Constitución está equivocada.

Ciertamente, entregar un mandato tan amplio a los partidos (en este caso, a un sector de la cúpula del PS), para obligar a los representantes a tomar determinadas posiciones, no constituye por si solo un acto democrático. Para que así sea deben, al menos, concurrir complementariamente aquellos mecanismos de control social sobre los representantes que posibiliten cierta congruencia entre la agenda de los electores y la agenda de los representantes. Se trata en consecuencia, no de institucionalizar el mandato imperativo que establece ordenes vinculantes desde una cúpula partidaria (mas aún si el partido no tiene eficientes mecanismos de rendición de cuentas publicas); si no de reforzar la responsabilidad política de los representantes frente a los ciudadanos. Martner por su parte, defiende como garantía del compromiso democrático de su partido , la fijación de ciertos principios establecidos ante sí que construyen un yo y otro para la definición de una identidad socialista.

Sin embargo, la mayor parte de la literatura en teoría de la democracia establece la necesidad de dirimir las controversias publicas sobre la base de la acción de instituciones que en su condición de terceros imparciales puedan dirimir provisionalmente tales conflictos. La democracia así consiste en "un conjunto de mecanismos institucionales para dirimir (zanjar) provisionalmente los conflictos en los cuales los resultados no están garantizados y dependen de lo que los actores hagan" (Adam Przeworsky). El exceso de esta postura ciertamente da lugar a la acción política descomprometida y a la judicialización de la política; "que las instituciones funcionen", lo que equivale generalmente a que los tribunales se hagan cargo y a la despolitización de los conflictos sociales. Pero existe un mundo de posibilidades entre el esencialismo de Martner y la judicialización de la política, que permite asumir posiciones comprometidas y poner al mismo tiempo, al dialogo y a la deliberación como mecanismos básicos para la democratización de las instituciones. Los partidos políticos debieran explorar caminos semejantes para democratizar sus organizaciones y no seguir quedando al lado del camino en los grandes procesos de transformación de nuestra sociedad.

¿Y Martner que? Bueno, él ha dado un gran ejemplo de cómo se puede estropear en democracia la defensa de una buena causa y probablemente, es uno mas en nuestro sistema de partidos que se encuentra a medio camino entre el voluntarismo latente y la hipocresía manifiesta.

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